La Graciosa (Isla)

La octava isla canaria es un pequeño paraíso de ensueño para quienes desean tranquilidad, silencio y disfrutar de una naturaleza virgen. Con playas de arena blanca y aguas turquesa, sin asfalto ni contaminación, es un tesoro para descubrir en el que viven poco más de 700 habitantes.

Al igual que el resto de las Canarias, La Graciosa cuenta con un clima agradable durante todo el año, por lo que cualquier época es buena para recorrer su paisaje volcánico y bañarse en sus playas. Sus 29 kilómetros cuadrados de territorio están protegidos en su totalidad, ya que son refugio para numerosas aves marinas y forman parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, cuya reserva marina es la mayor de Europa. Al ser una isla pequeña y de relieve llano, es posible conocerla fácilmente practicando senderismo o en bicicleta a través de las cuatro rutas que la cruzan.

Uno de los principales atractivos de La Graciosa son sus playas, que sorprenden por su belleza salvaje y los contrastes que ofrecen. Las hay de fina arena blanca, dorada o roca volcánica; con aguas tranquilas, perfectas para hacer snorkel, y otras de mayor oleaje, que requieren bañarse con precaución… Se puede elegir entre calas vírgenes y solitarias como La Cocina, Las Conchas o la playa de la Lambra, por ejemplo, y otros sitios más frecuentados dependiendo de la época del año, como las playas de La Francesa o La Laja, ideales para familias.


Bucear o hacer una excursión en catamarán, con comida incluida, son algunas de las actividades que también se pueden hacer en La Graciosa. A la hora de comer, la especialidad de la gastronomía isleña es el pescado fresco, normalmente acompañado de otros productos típicos canarios como las papas arrugadas o el mojo.